Por las mías se asomó el domingo, a modo de anticipo, como avisando.
Mi sofá y yo dormíamos la siesta y nos despertó un airecillo fresco. Le reconocí en seguida porque olía a nuevo: a plástico de mochilas sin estrenar, a laminillas de madera de lápices recién afilados.
Como todos los septiembres.
Y sé que mañana me volveré a levantar a la misma hora, cogeré el mismo tren, haré el mismo trabajo, volveré a la misma casa y dormiré en la misma cama.
Pero de alguna manera, olerá a nuevo. Y aunque me niegue fervientemente a que se acabe el verano, tengo que admitir que eso sólo puede ser bueno.
Al fin y al cabo, yo misma me esperé a septiembre para aparecer, para ser nueva y conocer lo nuevo. En el mes nueve.
3 comentarios:
Ohhhhhh acá se viene la primavera!!!
Nada como una nueva estación para renovarse!
me espera un semestre tormentoso, el blog en mi ventana para respirar y gritar un poco para sacar mis frustraciones...
Que viva el bicentenario, bueno, me interesa un poquillo.
Y sabes que serie empieza una nueva temporada en septiembre, verdad?
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